SANTA
ROSA DE LIMA COMO EJEMPLO DE VIDA
Isabel Flores de Oliva,
mejor conocida como Santa Rosa de Lima, fue una mística cristiana considerada
patrona de América Latina por los católicos y la primera persona de todo el
continente americano, cuya santidad fue reconocida por la iglesia. Isabel
dedicó su a la inclinación hacia la oración y meditación, porque consideraba
necesario consagrar su amor por Dios de esta manera. Por ello se sometió a
múltiples mortificaciones en las que purificaba y renovaba su espíritu. A
partir de esto se puede interpretar que Santa Rosa de Lima es un ícono de
pureza que nos permitía formar parte de la santidad mediante el crecimiento
personal.
Desde muy pequeña, Isabel
evidenció su amor incondicional hacia Jesucristo y tomó la iniciativa de dedicarse
a vivir en Cristo, es decir, vivir sometida a su creador para purificarse. Ella
renunció a mostrar su belleza para no tentar a los hombres, se cortó el cabello
y cubrió su rostro. A través de sus escritos encontrados en 1923 por el
P.Gelino en la O.P. Provincia de España se puso en evidencia aquella mentalidad
que la caracterizaba al mencionar la frase “A parte de la cruz no existe otra
escalera por la que podamos llegar al cielo”. A partir de este fragmento se
puede deducir que ella creía que solo podemos obtener la salvación en Cristo
por medio de un sacrificio que implique el dolor que vivenció Jesús al morir en
la cruz. Todo esto también puede ser interpretado como una joven que buscaba
venerar a Cristo a su manera con medidas mortificantes y optó por una vida de
dedicación, demostrando así su crecimiento personal por medio de sus valores y
principios.
Finalmente, se resalta la
labor de Santa Rosa de Lima por su perseverancia y gran amor al prójimo, pero
sobre todo a Jesucristo. Merece ser venerada por su santidad porque es un ícono
de un crecimiento personal y del sacrificio representado en mujer.
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